Diez de mis películas favoritas
Respondo al meme que nos plantea Charlie considerando –como siempre que se afrontan este tipo de listas– lo difícil que resulta quedarse con sólo diez de entre las decenas o cientos de películas interesantes. En cualquier caso, siempre resulta un desafío y un esfuerzo importante el intentar realizar estas clasificaciones. Nos obliga a valorar, comparando, ordenando y clasificando las obras de cada disciplina. Este proceso de ordenación es la base de toda crítica (cuya etimología es precisamente «clasificación») también cuando tratamos de elaborar un listado personal. En literatura es lo que intentó hacer el crítico literario Harold Bloom en su libro El canon occidental, independientemente de que podamos estar más o menos de acuerdo con sus resultados o incluso con su intención esencialista.
Los listados que elaboran las sociedades de críticos internacionales o algunas revistas de cine no poseen mayor verdad sobre cuales son las mejores (o más interesantes) películas de la historia excepto porque muestran el zeitgeist global de una serie de aficionados profesionales al cine (críticos o historiadores) en una época determinada. La percepción e interpretación del arte es siempre dinámica aunque no arbitraria ni voluble y responde al contexto de una tradición cultural que constituye el marco de referencia desde el que se elaboran valoraciones. Estas valoraciones se atienen a una serie de tendencias de largo recorrido que se dibujan en la escala de las generaciones (no son iguales los valores estéticos que se perciben en el cine de autores clásico que los de películas como Kill Bill de Tarantino), las tecnologías (blanco y negro, cinemascope, animación digital, etc.) y otras instancias determinantes de esta índole.
Bien, no me voy a extender más en estos análisis que darían para un largo artículo sobre los fundamentos de la crítica en las disciplinas artísticas. Me limitaré a enumerar y comentar mis elecciones. En la mayoría de ellas creo que destaca la gran importancia que tiene la forma visual en estas películas, aunque no sea en abosoluto separable de sus historias. En las grandes películas creo que estas dimensiones tienen que estar equilibradas y ser ambas de una altura reseñable.
- Eyes Wide Shut (1999), Stanley Kubrick
La última película del maestro Kubrick no me defraudó en absoluto. Inspirada en los relatos de Arthur Schnitzler contiene alguno de los momentos más impresionantes, visuales y sobrecojedores de su cine. Un Nueva York de decorados brillante y un uso de la música (Ligeti) siempre tan importante en sus obras.
- Rompiendo las olas (1996), Lars Von Trier
Trier es con todos sus excesos y excentricidades ególatras, uno de los directores europeos que han intentado aportar con éxito nuevos planteamientos al cine. Desde el esteticismo visual y narrativo de sus primeras obras (El elemento del crimen, Europa) hasta la ruptura de moldes de su época Dogma (Los idiotas). Esta película se encuentra entre estos dos momentos de su carrera, cuando empezaba a experimentar con un equipo de grabación digital que le permitía una gran flexibilidad. Rompiendo las olas es una historia de vidas atravesadas por el drama, muy cercana a su admirado Dreyer. Emily Watson soberbia.
- Azul-Blanco-Rojo (1993-1994), Krystof Kieslowski
La trilogía de los Tres colores: Azul (1993), Blanco (1994) y Rojo (1994) compuso el sublime testamento cinematográfico de este polaco de honda sentimentalidad y nervios tensados por el melodrama. En esta trilogía y en otras de sus películas como Decálogo o La doble vida de Verónica la música del compositor Zbigniew Preisner es inseparable de las emociones brotan de los actores (Juliet Binoche en Azul, Irene Jacob en Rojo, etc.) y de las imágenes de sus escenas.
- Inseparables (1988), David Cronenberg
Cronenberg es uno de mis tres o cuatro directores favoritos (con Kubrick o Coppola –el cuarto sería dificil decidirlo–) como es poseedor de un singularísimo “universo” personal. Otros de esta estirpe serían David Lynch o Terry Gillian. Una especie de cuota de representación de un gusto por las visiones más incomodas, tóxicas y habitantes del límite que se suman a otras perspectivas estéticas más convencionales. De entre todas sus obras (algunas de las cuales como eXisTenZ, Crash o Videodrome me gustan mucho aunque son ciertamente poco homologables con el resto de mis diez seleccionadas) me he decidido por Inseparables, que contiene una insuperable actuación de Jeremy Irons en el bipersonaje de los dos gemelos.
- Ran (1985), Akira Kurosawa
Las guerras en el Japón medieval y la vida, combate y muerte de los samurais ya habían sido abordadas por Kurosawa en varias de sus películas anteriores (Los siete samurais, Trono de sangre, Kagemusa) en las que el actor Toshiro Mifune desempeña algunos papeles inolvidables. En Ran, Kurosawa se inspiró en El Rey Lear de Shakespeare para elaborar una historia de honor, traición y guerra plasmada visualmente como en niguna otra de sus obras anteriores. Una filmación en colores vibrantes, planos y movimientos de cámara sobrecogedores, actores y cientos de secundarios –casi como en una superproducción– para acercarnos a unos combates equivalentes a los que tuvieron lugar en el Japón del siglo XVI de la mano de personajes históricos como Oda Nobunaga o Tokugawa Ieyasu.
- Fanny y Alexander (1982), Ingmar Bergman
De Bergman también destacaría muchas películas (Fresas salvajes, El séptimo sello, Persona…) pero curiosamente Fanny y Alexander es también otro maravilloso testamento cinematográfico (toda una categoría a la que habría que añadir los de Ford, Houston, Kurosawa y muchos otros). La narrativa de esta película parece cercana a la gran novela del siglo XIX, y no por casualidad esta película de tres horas de duración fue concebida para ser proyectada en cuatro episodios en la televisión, con un total de veinticinco horas de metraje. Una narrativa minuciosa y realista pero sobre todo evocadora –a veces incluso mágica– de la infancia y del valor de la imaginación que aparece tratada a través de los relatos de Alexander, las marionetas y las sombras de la linterna mágica. Lo resume muy bien en el siguiente artículo que cito:
“Fanny y Alexander” explica la historia de dos hermanos, miembros de una acomodada familia sueca, que se ven de repente enfrentados a la muerte de su padre y a la posterior tutela de un obispo con el que su madre se vuelve a casar, un luterano de mano férrea y costumbres austeras con el que los tres sufrirán una vida totalmente opuesta a la feliz comodidad familiar a la que estaban acostumbrados. Ingmar Bergman conocía de primera mano la rigidez del hogar de un religioso luterano de principios del siglo veinte, puesto que su propio padre era pastor protestante en una iglesia de Estocolmo. Su infancia se vio marcada por una estricta educación basada en el respeto hacia la figura paterna, en el temor a Dios y al pecado y en la distancia emocional hacia sus progenitores, aspectos representados en la figura del obispo Vergérus (Jan Malmsjö) y en su relación con los niños, en especial con Alexander. El castigo será la única vía, según Vergérus, para que el niño aprenda a amar la verdad, dado que el pequeño tiende, como el mismo Bergman había hecho en su infancia, a fantasear con historias de su invención, como la que explica sobre la responsabilidad del obispo en la muerte de su anterior mujer e hijas o el bulo que cuenta en el colegio asegurando la intención de su madre de venderlo a un circo, historia esta que Bergman realmente contó a sus compañeros de colegio cuando sólo contaba con siete años.
La imaginación de Alexander/Ingmar es desbordante, y no sólo encuentra su representación en las tétricas visiones que sufre el niño o en su capacidad para fantasear inventándose relatos o representando obras imaginadas con su teatro de marionetas o a través de las fantasmagorías que proyecta con su linterna mágica (otra de las alusiones del realizador a uno de sus recuerdos de infancia más entrañables). Esta imaginación rebasa los límites del personaje para introducirse como característica del mismo discurso del narrador cinematográfico (el propio Bergman), por lo que en el relato se introducen algunas situaciones en las que la verosimilitud deja paso a la fantasía más desbordada y que no tienen relación directa con Alexander o con sus actos, por lo que demuestran que el relato entero está narrado desde la subjetividad del autor. Muestra de ello son la conversación de la abuela Helena (Gunn Wallgren) con su hijo muerto, el inexplicable milagro con el que el judío Jacobi (Erland Josephson) engaña al obispo cuando rescata de su casa a los niños, la fantástica tienda de antigüedades que este regenta, un lugar mágico más propio de un cuento que de la realidad o la introducción del enigmático personaje de Ismael, figura casi diabólica de apariencia andrógina (de hecho el personaje fue interpretado por una mujer, Stina Ekblad), que desencadena la resolución de la trama. “Fanny y Alexander” es pues un film en el que la fantasía y la realidad se entrecruzan, un relato que es narrado desde dos puntos de vista diferentes, una serena y madura mirada retrospectiva al pasado y una fantasiosa visión infantil sobre la realidad. Los dos narradores, el Bergman adulto y el pequeño Ingmar/Alexander, se relevan en la exposición del relato, configurando al fin un bellísimo diario imaginado en el que nada es lo que parece, aunque todo sea posiblemente cierto.
(…)
En “Fanny y Alexander” Bergman vuelve a manifestar su convicción de que lo único que puede dar sentido a nuestras vidas es el amor, y así lo pone de manifiesto en el discurso del tío Gustav Adolph (Jarl Kulle) en la comida familiar del final, en el que afirma orgulloso que los Ekdahl viven la vida al máximo sin entrar en amarguras, una filosofía existencialista opuesta totalmente a la rígida austeridad que el temor a Dios imponía en la vida del pastor luterano.
- Apocalypse Now (1979), Francis Ford Coppola
Una obra maestra de Coppola no inferior a su grandiosa trilogía de El Padrino. Inspirada en el viaje río arriba por el Congo del Capitán/Coronel Kurtz de El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad. Coppola construye una de las películas de guerra más singulares de la historia del cine. Es exacta con el conflicto que refleja –la Guerra de Vietnam–, pero al mismo tiempo, contiene momentos y desarrollos muy característicos. Una deriva hacia la contemplación del horror: la visión de Kurtz.
- Psicosis (1960), Alfred Hitchcock
Siempre se considera que Hitchcock es el maestro del suspense. Alabado y reivindicado a partir de los años 60 por la crítica francesa desde los Cahiers du Cinema (muy entretenido es el libro-entrevista Hitchcock por Hitchcock realizado por Truffaut a este respecto) en Psicosis tenemos esos elementos pero intercalados con otros aspectos que en la época debieron ser verdaderamente impactantes. Me refiero a que la película empieza a desarrollarse como otro de sus thrillers pero la inclusión de escenas como el asesinato en la ducha del personaje de Marion Crane (Janet Leigh) o las escenas en la casa de la madre de Norman Bates la han hecho formar parte de la historia icónico-visual contemporánea más memorable. Por supuesto, no podría olvidarme de otras como Encadenados, Vertigo o Con la muerte en los talones pero en Psicosis tenemos esos icónos visuales inolvidables.
- Odisea 2001 del Espacio (1968), Stanley Kubrick
Otra película de Kubrick y otra película extraordinariamente hermosa por su visualidad, por su utilización tan sabía de la música y tan singular en todos sus aspectos: su desarrollo en tres partes (prehistoria, presente-futuro de ciencia ficción e hiperfuturo incomprensible desde nuestro presente); HAL, sus maquinaciones y su muerte-desconexión, etc. La continuación de 2010 es un digno desarrollo de una historia de ciencia-ficción pero que no alcanza a la ambición y el desafío que Kubrick llevó a cabo en la original.
- Los sobornados (1953), Fritz Lang
Por último, Los sobornados es una de las mejores películas de cine negro norteamericano, yo creo que mejor que El sueño eterno y otras películas igual de famosas. Realizada por el director alemán que empezó su carrera siendo uno de los mayores exponentes del expresionismo alemán con títulos como Metrópolis M el vampiro de Duseldorf o El testamento del Doctor Mabuse, en su etapa americana realizó grandes películas como Furia, La mujer del cuadro o la mencionada en una reconversión estilística sorprendente y muy valorable.
Algunas otras que no me resisto a añadir a modo de finalistas son:
– Blade Runner (1982), Ridley Scott
– Retorno al pasado (1947), Jacques Tourneur
– Fuego Fatuo (1963), Louis Malle
– Excalibur (1981), John Boorman
– Historias de Nueva York (1989), Allen-Coppola-Scorsese
– Delitos y faltas (1989), Woody Allen
– El vientre del arquitecto (1987), Peter Greenaway
– Funny face (1957), Stanley Donnen
– El espíritu de la colmena (1982), Victor Erice
– Un tranvía llamado deseo (1951), Elia Kazan
– Chinatown (1974), Roman Polanski
– Taxi Driver (1976), Martin Scorsese
– Le Mephris (1963), Jean Luc Godard
– Terciopelo Azul (1986), David Lynch
– La caza del octubre rojo (1990), John McTiernan
(Sí, me gusta La caza del octubre rojo. Es la más comercial de todas las mencionadas. Pero me parece un thriller muy logrado –de la saga de Jack Ryan de Tom Clancy– y el personaje de Capitán Ramius interpretado Connery es impecable –uno de los mejores personajes de Connery junto con Guillermo de Barkerville por ejemplo. El subgénero de los submarinos también tiene otros títulos interesantes como Das boot o incluso Marea Roja en esa línea más comercial).


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